Rojo, rojo tierra, rojo sangre o rojo de un atardecer en el mar.
Olor a tierra seca y a humo,
olor a esperanza tras muros de barro y paja.
Sabor a bienvenida,
sabor a hierba de tierras secas,
sabor al ponerse el sor del día
tras agujas ocres de color,
oscuras sin calor.
Ojos cubiertos por colores rojos,
manos tiñendo telas,
esperanza trabajada con gritos ahogados de amor
y miradas escondidas aún más bellas.
Letras bajo rocas soleadas
pero oscuras de alma,
lechos que sacuden el cansancio
y vomitan narcisismo,
al tiempo que la luna calma,
llantos palpitan en mudas bocanadas,
ilusiones con ya sonido a viejo
y aventuras cada vez menos aventuradas.
Cimas afiladas
descansan tranquilas e impasibles,
tras aquellas que casi dolientes esperan la muerte,
aún atormentadas.
Rocas altas sin número
pero sin ego tímido.
Nieves que aguardan a que se camine vivo sobre blanco,
a que te domine,
dejando que las piedras manden
donde las piedras nacen,
y no la vida
corta y cohibida,
luchando por un espacio que no se ablanda,
bajo el peso de una humanidad que se deshace.
Lunas de nieve
nieve en algunas,
tacto frío y húmedo en las manos,
rostros rotos, rostros rojos,
confianza y miedo en ambos lados.
Y al fin aire caliente,
ruidos, coches, humos y gente,
cambio, tiempo, horas de baile en un circo viviente,
luces, noche y ningún color ausente.
Abril 2014
Fotos: Alba Sanmiguel







































Una respuesta a “ATLAS”
unas vistas que me hacen sentir que estoy alli mismo gracias.